La madera: futuro del monte gallego

Javi Montero/ La Voz de Galicia/ Abril de 2012

Sin industria el bosque gallego está condenado a la extinción

Destinamos nuestros bosques a la fabricación de pasta de papel porque es papel lo que más se utiliza y consume en Galicia

La nueva arquitectura abre buenas expectativas para el aprovechamiento y transformación de uno de nuestros principales recursos naturales

Consternados por la desaparición de una parte del último gran bosque atlántico, y ante los malos presagios que sentimos con los primerizos incendios en el Salnés, cabe preguntarse si no hay más futuro para Galicia que verla convertida en un siniestro escenario para solaz de energúmenos y psicópatas que aplacan su mala hiel vaciando bidones de gasolina.

Junto a la persecución sin tregua y el endurecimiento del código penal para que estos desaprensivos acaben con sus huesos en la cárcel, son cada vez más los que argumentan que el futuro del monte gallego depende de una apuesta decidida por mejorar su gestión y obtener del bosque la máxima rentabilidad. Tenemos técnicos formados para ello, e incluso “suponemos” que algunos forman parte de los órganos de decisión, pero aún con nuestro desconocimiento en estas lides nos parece intuir que, espacios protegidos al margen, sin industria el bosque está sentenciado.

La madera no es el único recurso aunque sí el más importante que proporciona nuestro monte. Un informe elaborado por la Consellería de Medio Rural, en el marco del proyecto europeo UE-Life, sostiene que la industria forestal factura en torno a los 1.330 millones de euros anuales, proporciona más de 50.000 empleos y supone el 3,5% del PIB de la Comunidad. Estos datos revelan el enorme potencial que tiene el sector maderero en Galicia, si bien el propio informe advierte de algunas debilidades que, como viene siendo habitual en nuestra enclenque economía, impiden que las explotaciones tengan la rentabilidad necesaria para colocar a Galicia en el mercado maderero internacional. A saber: atomización y minifundismo de las explotaciones, escasa diversidad de las especies –que se reduce prácticamente al cultivo de pino y eucalipto-, poca competitividad de la industria transformadora, y escasa diversificación y valor añadido del producto manufacturado, dirigido sobre todo a la fabricación de pasta de papel, embalajes y tableros.

La madera, bien utilizada, es un material muy resistente, ligero, flexible y muy versátil. Al tener muy poca conductividad térmica es un excelente aislante, además de funcionar como regulador de humedad en el interior de las viviendas. Es una materia renovable, su explotación planificada favorece la biodiversidad y su producción implica un coste menor de energía comparado con otros materiales como el cemento, aluminio, PVC…. Además es reutilizable, reciclable y puede generar energía barata gracias a la producción de biomasa.

O sea, que de la madera se aprovecha todo. Sus características físicas y mecánicas la convierten en un material óptimo para una arquitectura cada vez más sostenible, funcional y saludable. La construcción en seco, o modular, si se generaliza, puede suponer un menor coste en la ejecución, menor gasto energético y, a medio plazo, un ahorro en reformas, demoliciones o tratamiento de residuos.

En los últimos años se ha avanzado mucho en el estudio del comportamiento de cada especie, en tecnologías para su correcta conservación, y en la implementación de una extensa gama de aplicaciones constructivas con las que algunos países europeos y americanos están copando el liderazgo en el mercado internacional.

Por eso sorprende que en un país como el nuestro, con un suelo forestal que ocupa casi el 67% del territorio gallego, con una tradición milenaria en el empleo de la madera, estemos importando casi toda la materia prima del exterior, y también todo tipo de manufacturas con alto valor añadido, porque carecemos de la iniciativa, el apoyo a la empresa, la productividad y la tecnología necesaria para exportar y competir con los productos de otros países industrializados. Aunque bien mirado, tampoco nos debemos llevar a engaño, ya que es difícil considerar a un país industrializado cuando el sector público es, con diferencia, el que más mano de obra emplea en Galicia, seguido del sector servicios (IGE. Enquisa de poboación activa). Supongo que por eso destinamos nuestros bosques a la fabricación de pasta de papel, porque es papel lo que más se utiliza y se consume en Galicia.

Es que esto de la crisis tiene infinidad de caras, aunque tomemos como único chivo expiatorio a los bancos y los mercados financieros. Creo que la arquitectura del futuro va a abrir nuevas posibilidades para el sector maderero, aunque habrá que estar a la altura y ser competitivos, tanto en el cultivo como en la fabricación de productos innovadores y de calidad. Si no, o mucho me equivoco, o el bosque gallego está condenado a la extinción.