REHABILITACIÓN DE VIVIENDAS

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Javi Montero/ La Voz de Galicia. Nov. 2013

Objetivos claros, coordinación, fluidez y gestión eficiente. Casi nada…

La sociedad ha dejado de creer en la maquinaria administrativa, la madeja burocrática y la literatura de decreto

En un artículo anterior decíamos que la política de vivienda debía encarar nuevos retos y adaptarse a la difícil situación que estaba atravesando el país. Desde entonces han salido a la luz el <<Plan Estatal de fomento del alquiler de viviendas, la rehabilitación edificatoria, y la regeneración y renovación urbanas, 2013-2016>> y la <<Ley 8/2013>>, documentos que inciden en la necesidad de un cambio de modelo que, fundamentado en el apoyo a estos tres pilares, consiga favorecer el acceso de la ciudadanía a la vivienda y contribuya a impulsar el crecimiento y la competitividad de la economía a través de sectores muy tocados como son el de la construcción y el inmobiliario.

El nuevo plan parece contener objetivos claros, buenas pretensiones y algunas innovaciones que pueden llegar a tener un profundo calado. Ahora bien, la <<revolución>> no parece tanta si atendemos al papel que pueden jugar las distintas administraciones (Estado, CC.AA y Concellos) con respecto al actual marco competencial.

Comprobado que el fomento de la rehabilitación es objetivamente rentable, ahora más que nunca la sociedad necesita confiar en el proceso. Sencillamente porque ha dejado de creer en la maquinaria administrativa, la madeja burocrática y la literatura de decreto, y porque lo que realmente demanda es una óptima, ágil y efectiva gestión de los recursos. Por eso es necesaria la coordinación y cooperación eficaz entre las administraciones que, oficinas de rehabilitación incluidas, deben aportar lo necesario y eliminar lo prescindible para que cada uno de los programas funcione y se conviertan en mucho más que un conjunto de buenas intenciones. Ahora, más que nunca, toca fluidez, claridad y eficiencia.