¿ORGULLO O CEGUERA?

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javi montero

Entre los muchos peligros que acechan a cualquier territorio está la autocomplacencia. -¡Qué bonito es nuestra comarca, nuestro pueblo, nuestro país…!¡Qué vistas!¡Cuánta Historia!¡Cuánto Patrimonio Artístico!…- Este tipo de mensajes, repetidos muchas veces (y sin los suficientes referentes para comparar), puede hacer que bajemos la guardia, seamos menos exigentes (debido también a la fuerza de la costumbre) y hasta perdamos la perspectiva de la realidad. Casi como si estuviésemos enamorados. Cambiamos los poemas cursis por las postales tópicas. Así que, a veces, es recomendable modificar el encuadre de la cámara, hacer oídos sordos a las encíclicas patrioteras, descender de la nube y fijarnos en cada detalle, en cada pequeño fragmento, para darnos cuenta de lo mucho que aún queda por hacer, y las batallas que nos quedan por librar para conservar y mejorar lo que es de todos, y también la herencia de nuestros hijos.

<<…Pero aun los más complacientes de sus amigos notables se compadecían de su pasión ilusoria. Así eran: se pasaban la vida proclamando el orgullo de su origen, los méritos históricos de la ciudad, el precio de sus reliquias, su heroísmo y su belleza, pero eran ciegos a la carcoma de los años. El doctor Jubenal Urbino, en cambio, le tenía bastante amor para verla con los ojos de la verdad.

-Cómo será de noble esta ciudad –decía- que tenemos cuatrocientos años de estar tratando de acabar con ella, y todavía no lo logramos…>>

G. García Márquez. El amor en los tiempos del cólera