MIGUEL ANGEL VIGO BALEIRÓN. SUEÑOS DE EXTRAMUNDI

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javi montero/  La Voz de Galicia. Nov. 2016.

Que el arte realista es impersonal y caduco es una noción bastante superada, al menos para los que nos enfrentamos a la obra sin prejuicios, y reconocemos tras la técnica y la figuración humana una fórmula para seguir expresando conceptos y emociones, aún con la pesada losa que puede suponer la tradición.

Miguel Angel Vigo Baleirón parece tener claro su camino: el de la escultura y el modelado para captar la intensidad emocional de sus personajes a través de sus actitudes, las cualidades del material, las texturas, la policromía, en definitiva, de esa tradición escultórica de la que también partió su admirado Asorey (y luego muchos de sus herederos) para trascender la realidad y crear su propio lenguaje artístico.

Al entrar en Torrado me vienen a la cabeza unas palabras de Gombrich: <<ese extraño recinto que llamamos arte es como una sala de espejos o una galería de ecos. Cada forma conjura un millar de recuerdos y de imágenes de memoria>>. De referencias cruzadas, de evocaciones difusas, de temas recurrentes: las edades del hombre, el paso del tiempo y la muerte. Se suceden entonces las imágenes y los ecos. Hans Baldung (<<Las edades y la muerte>>), nuestra imaginería barroca, los gritos aterradores de Francis Bacon…

El nacimiento a la vida, las raíces, la serenidad y ternura del niño, la inseguridad y los miedos del adulto, la fragilidad y decrepitud del viejo, la inmediatez de la muerte. Todo ello le sirve al autor para reflexionar sobre la condición humana, para confrontar obsesiones, para desmitificar.

En ese fatigoso tránsito el hombre puede llegar a convertirse en un muñeco con cuerpo de trapo, en una inestable peonza, o en un ser envilecido y torturado por pesadillas atroces. Porque Vigo abandona a sus seres a manos de Fobetor, y su naturaleza acaba confundiéndose o mimetizándose con la del animal, con la bestia en su gesto convulsivo, en su grito desgarrador, con su crueldad potencial o en su propia frustración al verse incapaz, horrorizado, de liberarse de las cuerdas que lo atan a su inconsciente.

Es la sala de espejos, el Extramundi, la inquietante, agitada y turbadora ambigüedad que destila la obra de un joven autor que tendrá mucho que aportar al futuro de la plástica gallega.

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